Función poética o estética

Función poética o estética

La función poética del lenguaje, es llamada también función estética. Junto a las funciones apelativa, referencial, fática, metalingüística y expresiva, la función emotiva es parte de la clasificación realizada por el lingüista Roman Jackobson sobre el lenguaje.

Se produce cuando el discurso tiene un objetivo estético, por lo que son fundamentales las maneras de enunciación. Así, el eje de la función poética se encuentra en la forma o estilo del mensaje que, sin descuidar la importancia del contenido, le otorga mayor transcendencia, significatividad y fuerza.

Distintas formas literarias pertenecen a la función poética -la novela, el cuento, la poesía, las fábulas, entre muchas otras-. Además, se reconoce esta función en los estilos populares del discurso oral, encuadrados dentro de tradiciones estéticas y culturales específicas como son los refranes populares, las leyendas, los trabalenguas, las adivinanzas y los juegos de palabras.

Estos estilos de discurso oral evidencian que, en la función poética, lo estético involucra componentes lúdicos que originan el disfrute del lenguaje.

La función poética otorga total importancia a las formas discursivas y emplea con especial intensidad y cuidado de detalles diversas figuras oratorias o literarias -metáfora, metonimia, símil, hipérbole, elipsis, descripción e ironía-.

Ejemplos de función poética

Los poemas de Pablo Neruda son uno de los múltiples ejemplos que podemos encontrar de la función poética en la literatura.

“Me gusta cuando callas porque estás como ausente,

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

Y parece que un beso te cerrara la boca”

Por otro lado, ejemplos de formas populares de función poética del lenguaje son:

  • Adivinanza popular “Oro parece, plata no es. Abran las cortinas, y verán lo que es”. Respuesta: el plátano.
  • Trabalenguas: “Por desenredar el enredo que ayer enredé, hoy enredo el desenredo que desenredé ayer”
  • Refrán popular: “No hay mal que por bien no venga”